Campaña uno + uno, Pacto por la Bicicleta, un compromiso de todos

La Recuperada

Las calles se hicieron más anchas, el aire menos pesado y la ciudad pasaba a través de mi cuerpo sin empujarme al vacío, más bien suspendiéndome en el aire. La bicicleta prestada, algo así como decir “unos minutos robados con el beneplácito de su dueña”, convirtió lo que a esas alturas era un malestar del buscarse la vida lejos, en un estado corporal de bienhechora embriaguez. ¡Oh! ¡Qué placer jamás probado! ¡Qué equivocación el resistir hasta último momento la posibilidad alentada por el grupo para retomar ese ejercicio que solo había experimentado en la niñez! Y es que la posición de mi cuerpo en la bicicleta hizo que cambiara el enfoque de mis ojos, mi cabeza más alta, con ellos otra panorámica, más horizonte, otra velocidad y otras preocupaciones. Lo lejano, como los sueños que me habían traído aquí, se convertía en ese instante en algo alcanzable. Las calles más empinadas de la urbe portuaria, aunque bellas en su arquitectura, siempre me habían mareado por el futuro cansancio y calor húmedo que sabía que sentiría si intentaba recorrerlas. Ahora era distinto pues el calor era apagado por la suave brisa de la velocidad y los pequeños esfuerzos al pedalear estaban justificados en las largas distancias recorridas. Aparecieron avenidas y rutas que nunca dibujé en la geografía de mi cabeza. Aparecieron edificios, perros y seres humanos. Aparecieron mezquitas y plazas de toros. Sentía que mi cuerpo y mi enmarañado pensamiento tenían un aliado para desplegarse sin tapujos en este espacio. Yo, una InmigrantE, que había buscado incansablemente una pista para caminar dignamente en mi nueva realidad, me encontraba sobre una bicicleta de las tantas que había visto continuamente transportando a toda clase de personas…Y me vi a mi misma como otro más de la población entusiasta y desgarrada peregrina que hace aquí su vida. Ya no era yo y frente a mí un territorio ajeno, separados los dos por la distancia entre la I que empieza y la E que termina la temida palabra. Sabía que ahora podía recorrer esa distancia sonora con un solo pedaleo…

Autor: Mónica Inés Salinero Rates

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