Satori
Aquel día subí a mi vida
como al estrado de los acusados
venia de un reto, de una explicación
de unas palmadas ignominiosas en el culo.
El aire de la velocidad y el temor
me hicieron olvidarlo todo
de repente
fue un puño
mi puño el que vi
los oídos se destaparon
la gente borrosa pasó a mi lado.
Se detuvo el día
como piezas de cristal
puestas a propósito
me vi de infinitas partes
una rueda adelante
mi hermana dejada atrás.
El equilibrio paseaba conmigo
y aprendí a andar en bicicleta.
Autor: José Mauricio Gómez Jauregui








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