Entrevista a la Doctorada en Filosofía, Amarilis Horta
Entrevista realizada por el portal www.nuestro.cl a la directora del Centro de Bicicultura y una de las impulsoras del Proyecto de Ley de la Bicicleta, Ph Dra. Amarilis Horta.
La solución de la bicicultura
La necesidad de trabajar haciendo un aporte social, como una manera de devolver la ayuda que recibió mientras vivió en el extranjero; el impacto positivo que experimentó al tener que utilizar obligadamente la bicicleta por falta de ingresos y el convencimiento de que en gran medida la mala calidad de vida de las personas, producto del crecimiento de las grandes urbes, se puede enfrentar a través de su uso a nivel masivo, motivaron a Amarilis Horta a liderar un grupo de profesionales que trabaja gratuitamente para que la ciudadanía y el Estado consideren este medio de transporte como la mejor vía para lograr un mundo mejor. Para la filósofa la solución para esta problemática es la bicicultura.
Por Paula Fiamma
Historia de un hallazgo
Amarilis Horta nació en Chile hace 50 años. A los 17 años junto a su familia se radicó en Budapest, Hungría, escapando de la dictadura militar, donde estudió licenciatura y un doctorado en filosofía. Trabajó haciendo clases de español y cultura latinoamericana y también como traductora e intérprete. Luego vivió en Francia donde cursó los primeros años de psicosociología de la moda. Con el regreso de la democracia volvió a Chile con el deseo de contribuir al logro de un país mejor. “La gran mayoría de los que estuvimos exiliados vivimos siempre con el anhelo de volver a aportar, sobre todo quienes recibimos mucho de la solidaridad internacional”, explica.
Trabajó en varios proyectos audiovisuales destinados a fortalecer el vínculo entre educación y recreación, principalmente haciendo las adaptaciones de El principito y de Juan Salvador Gaviota. En ambos proyectos trabajó con el convencimiento de que estaba ante un mensaje motivador para la juventud: “si nos unimos, podemos cambiar cosas que parecen eternas e incambiables”, afirma Amarilis.
Posteriormente trabajó apoyando la postulación de Valparaíso como Patrimonio de la Humanidad ante la UNESCO. El Municipio le encargó un CD Rom donde se reseñara el aporte de los artistas al desarrollo de la ciudad. Debió endeudarse para sacar el proyecto adelante. El municipio nunca le pagó. Esto generó la pérdida de casi todos sus bienes y una fuerte depresión. Sin embargo, este tremendo mal también significó un vuelco positivo en su vida.
“Para mi fue el incorporar la bicicleta en mi vida. Llegué a Santiago a hacer clases en el Instituto de Estética de la Universidad Católica sin nada más que deudas. Entonces la bicicleta fue la única opción posible de transporte. Al principio tomaba la bici y me iba por la vereda muerta de susto. Pero fui aprendiendo a disfrutarla y hoy manejo distancias increíbles. Los cambios positivos son tan feroces, que me he transformado en una difusora de la idea de usar la bicicleta. Antes tenía problemas para respirar producto del recogimiento de mi cuerpo con la tensión. No me salía la voz y tenía que hacer clases en tres meses más. En ese período me sané andando en bicicleta. Nunca más tuve que tomar una pastilla para la depresión o para dormir. Toda la circulación de mi cuerpo comenzó a funcionar bien e incluso tuve un proceso de rejuvenecimiento”, explica la filósofa.
Además, con la bicicleta Amarilis aprendió a disfrutar Santiago. “El afán de los chilenos por hermosear sus casas, arreglar sus cortinas y tener jardines, no se ve desde la micro o desde el auto. No se ve el paisaje ni las montañas. Ahora siento y disfruto el olor de las flores, es como si estuviera suspendida en al aire”. Desde este punto de vista, el uso de la bicicleta para Amarilis Horta, no es sólo una opción económica y un medio de transporte, sino que también implica una manera de relacionarse con el medio ambiente y con los habitantes de la ciudad. Esto es lo que ella llama: bicicultura.
Recientemente la filósofa realizó, junto a un equipo de adherentes, el Festival de Bicicultura, encuentro anual con el que se convoca a toda la ciudadanía a reflexionar, debatir y apoyar esta causa durante una semana. Para su organización se requiere un trabajo previo de tiempo completo. Entrega que prueba su fe y pasión por lograr, según sus palabras un “Santiago amable y solidario”.
Libre opción
- Además de estos cambios positivos en tu salud y en tu modo de relacionarte con la ciudad, ¿qué otras razones explican tu opción por trabajar para incentivar el uso de la bicicleta?
- Décadas atrás huí de una dictadura militar de corte derechista, a otra dictadura donde se suponía que era la gente la que gobernaba y que eran países de una democracia profunda. Me encontré con países en donde había otras formas de represión, con que la gente vivía completamente manejada por un partido. Esto me dio una noción diferente de lo que es la libertad. Te obliga a enfrentarte a tener que derrumbar una serie de mitos y de ideas preconcebidas, por doloroso que sea. Tuve una crisis tremenda y durante mucho tiempo no volví a encontrar una razón suficientemente poderosa como para de nuevo creer que era posible construir un mundo donde los seres humanos nos tratemos como hermanos, en donde podamos juntos decidir de qué manera queremos vivir. A partir de esta búsqueda me he dado cuenta de los puntos de convergencia que tenemos. Por ejemplo, la contaminación ambiental es algo que nos afecta absolutamente a todos. Puedes tener mucho dinero o nada. Por eso creo que hay problemáticas frente a las que todos podemos trabajar. De ahí surgen temas de consenso. Por ejemplo, cuando piensas que la gente en Santiago lo único que quiere es irse un poco más lejos para arrancar de la contaminación, hacia áreas verdes. Sin embargo, día a día construimos más autopistas, más vías de alta velocidad, más urbes edificadas en torno al automóvil. Está claro que esas ciudades atentan directamente contra las relaciones humanas. Hay estudios que prueban que el ancho de las vías de tránsito automovilísticas crean una separación entre los vecinos que va directamente proporcional al ancho de la pista. Es decir, cuando la calle es angosta al salir de la casa te enfrentarás al vecino de al frente y te vas a ver obligado a saludar, produciéndose un intercambio. Si esas vías empiezan a ser cada vez más anchas la gente va perdiendo contacto.
- Esto tiene que ver con una planificación de la ciudad y una concepción de progreso erradas.
- Durante mucho tiempo se pensó que la solución ideal para el transporte de las personas
era el automóvil particular y hoy esa vía de solución no es viable. Porque se construye una autopista y antes de 3 o 5 años ya está atochada y entonces hay que construir otra. El problema de la alta densidad del tráfico es el único que no se soluciona con el desarrollo o con el progreso, sino que se agrava. Esta es una ciudad complicada por su topografía -por su pendiente- y también por su clima – hay 18 días de lluvia al año-. Santiago es una de las ciudades con mayores índices de contaminación ambiental. El transporte público está mal solucionado. Esto crea una serie de problemas que hacen de la bicicleta una solución perfecta y casi mágica. Estamos convencidos de que hay mucha gente que estaría dispuesta a tomar la bicicleta y hacer buena parte de sus trayectos diarios en ella, si es que esta ciudad fuera menos hostil. Si tenemos conciencia de ello, el problema pasa a ser técnico. Así como durante muchos años construimos ciudades en torno al automóvil, dando las facilidades para que la gente pudiera adquirir autos y estacionarlos, ahora se trata de pensar cómo hacer que Santiago sea una ciudad propicia para la bicicleta. Queremos lograr que la bicicleta sea considerada vehículo de interés nacional y que esté en el centro de las políticas de transporte de este país. Para grandes distancias obviamente la bicicleta no es la solución, pero sí para la mayor parte de los trayectos que se hacen a diario. Se necesita programas estatales para comprar bicicletas. El Estado ahorraría muchísimo dinero. No solamente por el concepto del gasto en energía, además ahorraría en prevención y tratamiento de enfermedades. Lo que más se necesita son estacionamientos en la vía pública que estén protegidos y que sean gratuitos. Si en todas las estaciones de Metro tuviéramos una red de estacionamiento custodiado por un guardia, le daríamos un impulso.
- ¿Cuál crees que es el poder de la ciudadanía para encauzar este movimiento?
- Por un lado hay una predisposición positiva del Estado para encauzar este tipo de iniciativas. Por otro lado, los políticos siempre van a depender de cuál sea el clamor popular. Queremos gestar un movimiento que sea lo suficientemente amplio como para que las autoridades sientan que tienen respaldo para tomar estas determinaciones. Son cambios profundos, que al mismo tiempo, desde el punto de vista de inversión en infraestructura, son insignificantes.
- Para esto es necesario un plan educativo para la población…
- En este tema la educación es práctica. Si consigues que los conductores se transformen en ciclistas por un día a la semana o al mes, en vez de ir al gimnasio, nunca más un automovilista gritaría a los ciclistas. Se daría cuenta de que la orilla de las calles es donde más hoyos y grietas hay. Los árboles al crecer con sus raíces levantan los bordes de las calles. Esos hoyos para un auto no representan ni un problema, pero para una bicicleta sí, porque se desestabiliza la rueda. La actitud de de los automovilistas explica el nombre de ciclistas furiosos, que es chocante porque la bicicleta es amable y lo que se pretende es relaciones amables entre las personas. Pero cuando eres discriminado por el uso de la bicicleta te vas cansando. Todas las mañanas partes como ciclista amoroso y hacia el medio día estás transformado en un ciclista furioso. Vivir la experiencia de injusticia genera ira, una sensación que es muy difícil de manejar. Cuesta un gran esfuerzo no contestar con otra grosería a aquel que te arremete por un minuto. A mí, como voy vestida de señora, por lo general no me agreden, pero cuando ven a un ciclista joven con casco, dicen este se las quiere dar de listo.
- ¿Cómo operan como agrupación para generar este cambio?
- Esto ha pasado por distintas etapas. Al principio fue la etapa de las cartas solitarias que nos habíamos demorado horas en redactar. Se las mandábamos a instituciones y se les ganaba por cansancio, porque les daba pena darse cuenta de que una carta había sido despachada a las tres de la mañana. Cuando no nos respondían, escribíamos en ella: “segundo envío” y la redespachábamos. Luego hacíamos lo mismo hasta el tercer y cuarto envío. Eso fue pura práctica, en donde con esfuerzo y perseverancia nos hicimos oir. Ahora contamos con una plataforma fantástica, que es la página web que está teniendo muchas visitas. También a través de los foros queremos articular a la gente que quiere trabajar en esto. Están llegando jóvenes profesionales, especialistas que están dispuestos a colaborar formando equipos de investigación que entreguen datos y estadísticas para fundamentar las presentaciones que realizaremos frente a las autoridades y la ciudadanía.
- ¿Cómo se financian?
- Mi departamento, se ha transformado en la sede del proyecto. Tenemos varios computadores para hacer trabajos comunicacionales y administrativos. La empresa Líder nos entregó equipamiento. Oxford nos entregó bicicletas para poder pasarle bicicletas a la gente que trabaja con nosotros, para que se movilice. Por lo tanto no tenemos gastos en transporte. Estamos gestionando un auspicio con una empresa de telecomunicaciones para que nos apoyen con plataforma tecnológica. Postulamos a dos fondos concursables: un fondo del Centro Cultural de España y otro de la División de Organizaciones Sociales (D.O.S.). Para nosotros es vital trabajar con fondos concursables que nos permitan una absoluta independencia. Además hay niveles distintos de participación. Esta es una campaña de información en la que se entregan argumentos para que la gente pueda tomar conciencia y transformarse en difusor de este movimiento. No se trata de que todos seamos militantes de una gran causa. Es un tema de individuos más que de masas y cada uno tiene una tarea concreta. Hay metas, objetivos, proyectos. Hay gente de todos los sectores políticos y religiosos.









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