Las antenas celulares son un peligro vivo, proliferan en la misma proporción que aumentan las compañías y usuarios de teléfonos móviles, y vencen cualquier resistencia, la débil legislación que las regula, o los intereses creados de las autoridades locales, que prefieren desoir la creciente demanda ciudadana que las rechaza, por atender la suculenta utiulidad que deja el pago de patente o permisos.
Rceordemos que existen numerosos estudios donde se demuestra que la radiación de estas antenas -muchas veces disfrazadas de inocentes palmeras- es tanto o más peligrosa que si al lado de nuestra casa hubiese un foco infeccioso de basura química.
Vea este video y muévase al ritmo de un enojo nacional.

















