A las 3 de la madrugada del domingo 2 de octubre, en el Hospital Salvador de Santiago y tras dos meses de estar internado producto de una desconocida y extraña enfermedad, ha muerto nuestro querido amigo, socio fundador del Centro de Bicicultura, y, más tempranamente, del Movimiento Furiosos Ciclistas, Ricardo Pizarro Caravantes.

Ricardo Cano Pizarro, ciclista urbano, fundador de grupos, entusiasta instigador de ideas y promotor de "bicicletas para un mundo mejor". Fotografía (c) Alonso E. Díaz
De acuerdo a la información que nos entregó su familia, el diagnóstico preliminar del equipo médico que lo atendió -aunque nunca fue confirmado- sospechó de estar ante un cuadro producido por la Enfermedad de Crohn, y como segunda opción, una Colitis Ulcerosa. En ambos casos, el síntoma principal es un derribamiento completo del sistema inmunológico, lo que en su caso derivó finalmente en una septicemia generalizada, que causó su muerte.
Quienes conocimos a Ricardo, podemos decir que entre sus virtudes estaba la capacidad de luchar todo el tiempo, con mucha energía, por las causas que creía justas y que intentó demostrar con su propio ejemplo, sabiendo que los cambios que queremos para el mundo son posibles y que comienzan en nosotros mismos.
Ricardo poseía un desarrollado sentido del humor, el que logró vertir en historias orales y escritas que luego se encargaba de enviarnos por correo electrónico, postearlas en su FB, o transmitirlas en vivo y en directo, cuando nos encontrábamos en el trabajo, logrando hacer que la tarea del momento fuese siempre, a la vez, un momento propicio para reir sin dobleces.
Entusiasta y buen comunicador de ideas, fue un promotor del uso de la bicicleta como medio de transporte. En esta condición se le recuerda como uno de los fundadores y primeros impulsores del MFC, junto a otros destacados pensadores y escritores chilenos, entre ellos su amigo Edmundo Rojas, editor en Chile de un clásico de la literatura ciclística “Ciclismo Eficiente” de John Forester. Fue también el ciclista institucional que pedaleó largo tiempo con los colores de la Ymca, y luego, más tarde, cuando fue trasladado a la Comuna de La Florida, se convirtió simplemente en un ciudadano responsable que intentaba por sus medios impulsar y fundar en esa comuna grupos de personas que estuviesen dispuestas como él a entregar sus fines de semana para la promoción y reparación gratuita de bicicletas, sabiendo que una de las claves para el desarrollo del biciclismo o ciclismo vehicular es la educación, la transmisión sistemática de enseñanzas básicas y la práctica colectiva del aprendizaje.
Pero por sobre todo, tenemos la convicción que Ricardo Pizarro fue de una manera moderna y romántica (con todo el peso estético de la palabra) un solitario, un hombre que supo sonreír y pensar en soledad, y luego actuar consecuentemente en colectivo.
Padre y esposo de ciclistas, practicó con su gente el ciclismo familiar. Alguna vez pedaleamos con él y con su tribu en la comuna de Ñuñoa, donde vivió gran parte de su vida. De estas salidas, recuerdo una en especial, en que juntos -con mi hija, de la misma edad que su pequeño Benjamín-, salimos a pedalear en grupo. Parecíamos lo que tal vez éramos en ese momento: una manada de caballos y potrillos galopando en silencio en medio de la ciudad. Al final de la ruta todos bebimos agua y nos mojamos la cara, bromeamos y reímos, por supuesto, para luego seguir galopando de retorno a nuestras casas.
Antes de caer enfermo, Ricardo había logrado retomar su profesión y se desempeñaba como Profesor de Biología en un establecimiento educacional de Santiago. Los últimos días, estuvo siempre acompañado de su familia y amigos, quienes hoy, tanto como nosotros, sus compañeros, lamentan y lamentamos profundamente este temprano e ingrato deceso.

Ricardo Pizarro, junto a miembros y amigos del Centro de Bicicultura, embajadores de La Hora del Planeta 2011. Fotografía (c) Alonso E. Díaz

















Grande, Ricardo! Conservaremos como un tesoro tu optimismo, el entusiamo y decisión con que emprendías tus siempre originales acciones. Fuerte y grande, eras un hombre de paz y templanza, que buscaba cambios profundos sin violencia. Tu partida nos deja consternados, sabiendo que hemos perdido a un gran compañero...
Amarilis Horta.